Si bien los artistas españoles asociados a los nuevos comportamientos artísticos optaron por la beligerancia en contra del mercado, el entramado mercantil dispuesto a comercializarlos no tardó en llegar. El mercado es condición sine qua non para que un artista alcance la cúspide de su reconocimiento total, un éxito que, en un presente ultra capitalizado como el nuestro, tiende a pasar por todos y cada uno de los agentes que lo conforman. En este sentido, galerías, casas de subastas o colecciones de prestigio configuran los actantes principales de las redes de distribución que, en el presente ensayo, son nuestro principal tema por desarrollar. Para ello acotamos nuestro estudio en dos momentos clave para la historiografía: ayer (1973-1982) y hoy (2011-2022).
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